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Hambre de palabras

¡Vaya día más chuli que tenemos por delante! Hoy es el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

Las palabras en los poemas y en los cuentos son alimento. No alimento para el cuerpo, nada que pueda llenar el estómago. Son alimento para el espíritu y para el alma.

Sabéis que en El Rincón de los Duendes… tenemos mucho cuento, porque nos encantan los cuentos, las historias, todo lo que pueda hacer que a los duendes les vaya haciendo poco a poco, cada vez mayor su imaginación. Que sueñen con bosques, con castillos, con islas, con lagos, con caminos, con charcos o con sencillas piedras, pero que sueñen e imaginen para que así, con el tiempo, en un futuro, en su futuro puedan llegar a imaginar y poder a hacer posible: bosques repoblados una y otra vez, construcciones sostenibles, islas ecológicas, depuradoras que se transforman en lagos, carreteras de asfalto hecho con botellas de plástico, charcos en los canalones utilizados para llenar cisternas, piedras que puedan utilizarse como

Os invitamos a leer un poquito y os pedimos, que en estos días, en los siguientes y en los días siguientes a los siguientes, les contéis, leerles y leeros todos los días una historia diferente para ir llenando nuestras pequeñas y grandes cabezas de ideas y que éstas den paso a nuestra imaginación.

Ahora os presentamos una historia, una de tantas, pero este cuento es para mayores; después habrá uno para los duendes. Disfrutadlo y después hacer disfrutar.

Desde 1967, el 2 de abril, coincidiendo con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, se promueve la celebración del Día Internacional del Libro Infantil con el fin de promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes.

Cada año, una sección nacional de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY) tiene la oportunidad de ser la patrocinadora internacional del Día del Libro Infantil y selecciona un escritor representativo y a un reconocido ilustrador de su país para que elaboren el mensaje dirigido a todos los niños del mundo y el cartel que se distribuye por todo el mundo, y se promueva la celebración en las bibliotecas, centros escolares, librerías, etc.

Este año le corresponde a la sección de Eslovenia (en 2019 fue Lituania), que difunde el mensaje de Peter Svetina (con el título de «Hambre de palabras»), ilustrado por Damijan Stepančič.

Hambre de palabras

Donde yo vivo, los arbustos se vuelven verdes a finales de abril o principios de mayo. Al poco tiempo, se llenan de crisálidas de mariposas, que lucen como vetas de algodón o algodón de azúcar. Las orugas devoran los arbustos hoja tras hoja, hasta dejarlos despojados. Cuando las mariposas salen de sus crisálidas, echan a volar, pero los arbustos no quedan arruinados. Al llegar el verano brotan de nuevo, y así una y otra vez.

Esta es la imagen de un escritor, la imagen de un poeta. Son carcomidos, agotados por sus historias y sus poemas, las cuales, una vez finalizadas, emprenden su propio vuelo, refugiándose en los libros y encontrando a sus lectores. Esto no deja de repetirse.

¿Qué ocurre con estas historias y estos poemas?

Conozco a un chico al que tuvieron que operar de los ojos. Tras la operación, pasaron dos semanas donde solo se le permitió permanecer recostado sobre su lado derecho, y después de aquello, otro mes donde no pudo leer nada. Cuando volvió a coger un libro, mes y medio después, sintió como si estuviera recogiendo palabras a cucharadas, casi comiéndoselas.

Y conozco a una chica que ahora es maestra. Me dijo: pobres de aquellos niños a los que sus padres no leían libros.

Las palabras en los poemas y en los cuentos son alimento. No alimento para el cuerpo, nada que pueda llenar el estómago. Son alimento para el espíritu y para el alma.

Cuando el hombre tiene hambre o sed, se le encoge el estómago y se le seca la boca. Busca encontrar algo para comer, un trozo de pan, un plato de arroz o de maíz, un pescado o un plátano. Cuanto más hambriento se encuentra, más se le estrecha la mirada; ya no ve otra cosa que aquello que pueda saciarle.

Sin embargo, el hambre de palabras se manifiesta de forma distinta: como una tristeza, una apatía, una arrogancia. Las personas que sufren de este tipo de hambre no son conscientes de que sus almas están tiritando, de que están pasando junto a sí mismas sin haberse percibido. Una parte de su propio mundo se les va de las manos sin ellos darse cuenta.

Este tipo de hambre es la que sacian los poemas y las historias.

¿Existe, no obstante, esperanza para aquellos que nunca han satisfecho esta hambre con palabras?

Sí. Aquel chico lee casi cada día. La chica que es maestra lee cuentos a sus alumnos cada viernes, cada semana. Si alguna vez se olvida, los niños no tardan en recordárselo.

¿Y qué ocurre con el escritor, con el poeta? Con la llegada del verano, volverán a verdecer. Y una vez más serán engullidos por sus historias y poemas, que acabarán volando en todas las direcciones, igual que las mariposas. Una y otra vez.

(Texto original: Peter Svetina. Traducción: Barbara Pregelj)

Y por ahora, se acabó vuestro tiempo, ahora toca el turno de los duendes.

Qué se podría hacer con un:

Y un coche con un:

Monstruosa sorpresa, mirar el video y lo sabréis.

Además, hoy es el Día Mundial de Concienciación del Autismo y por ello queremos transmitir nuestro ánimo a nuestros duendes, que con esta capacidad, les hace ser especiales. También a sus familias.

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